(Despachos a todo el mundo)
En esa posición compleja se entrega a la construcción de la memoria. Y lo singular es que de manera sorprendente aquí la memoria aún en la negación y el ocultamiento del desaparecido que ha sido enterrado sin nombre en un nicho de nadie, también puede ser sueño, expectativa, anhelo, especulación vital. La memoria de los que a pesar de todos esos muertos, a pesar del río Magdalena y su caudal siniestro, buscan con la mirada el horizonte: la memoria como la posibilidad, como futuro. Los escogidos no es un libro sobre la muerte. Es un libro sobre el futuro.
Conozca una de las entrevistas con la autora:
¿Qué la motivó a investigar sobre este tema?
Patricia Nieto: En el año 2007 conocí algunos relatos según los cuales los devotos de las ánimas del purgatorio adoptaban a los NNs que el río Magdalena hacía visibles en Puerto Berrío. Me interesó conocer esa práctica pues creemos que en Colombia somos indiferentes frente al sufrimiento de los demás y yo intuí solidaridad y compasión en esas vivencias.
¿Cuánto tiempo duró la investigación?
Patricia Nieto: Desde el 2008 hasta el 2011 mantuve la atención en el tema, viajé en diversas ocasiones, entrevisté personas fuera de Puerto Berrío y leí materiales importantes sobre desapariciones y homicidios.
¿Cómo la afectó personalmente estar de cerca ante toda esa realidad tan violenta?
Patricia Nieto: Llevo veinte años trabajando el tema del conflicto armado desde la perspectiva de las víctimas. Y, pese a que he pasado por momentos de sufrimiento interior, sé que quienes verdaderamente padecen son las víctimas directas y sus familias.
¿Qué explicación tiene para ese comportamiento de los vivos de no dejar solos a estos muertos desconocidos, darles nombres y rezarles?
Patricia Nieto: Lo miro desde el lugar de la compasión entendida como acompañar al otro en el dolor; y también desde el deseo que sienten muchas madres y parientes, de que alguien, en algún lugar apartado, tenga un gesto de caridad con sus hijos y familiares desaparecidos.
El libro trae historias de personajes que han estado en contacto de alguna manera con los muertos del río. Después de hablar con ellos, ¿qué piensa que sucede cuando se está frente a un cuerpo sin vida y sin historia y sin posibilidad de contarla? ¿Que vio en esas personas, en el forense, el sepulturero, los que los rezan? ¿Tristeza? ¿Impotencia? ¿Miedo? ¿Respeto?
Patricia Nieto: Ellos se sitúan frente al cuerpo de alguien que tuvo una historia que debe ser respetada, a una persona que sufrió lo indecible en el minuto final, y a una familia que busca con angustia al que salió un día de la casa y no volvió o que fue raptado y desaparecido. Conocen el valor social y político de su trabajo. Lo asumen con decisión, autoridad y dignidad.
En el prólogo, Cristian Alarcón dice que este libro no es sobre la muerte sino sobre el futuro. ¿Cómo interpreta usted esas palabras sobre el libro?
Patricia Nieto: Pienso que Cristian lo dice porque, pese al miedo, la gente se moviliza frente a la desaparición de alguien querido. Y también porque en Colombia, algunos habitantes de Puerto Berrío, toman la iniciativa de cuidar y acoger a un NN, cuando el cuerpo de un desconocido llega a las playas o es rescatado del río Magdalena. Hay gestos espontáneos en contra de la corriente de la indiferencia y esa es una señal de esperanza.
¿Por qué contar estas historias hoy?
Patricia Nieto: Porque ocurren delante de nuestros ojos.
Desde el año 65 se veían bajar cadáveres. En ese sentido el río es un testigo del conflicto armado colombiano. ¿Qué pasa hoy en sus aguas? Sigue siendo un cementerio de víctimas de ese conflicto?
Patricia Nieto: Dice don Francisco Mesa Buriticá, director de la Funeraria San Judas que atiende una gran zona del Magdalena Medio, que el Magdalena es la gran fosa común de Colombia. Todavía.
¿Cuál historia le entristeció más de todas estas y cuál, en medio de toda esta tragedia, es la más esperanzadora?
Patricia Nieto: Detenerse un rato frente al pabellón de los olvidados de Puerto Berrío y contemplar la sucesión de tumbas marcadas con las iniciales NN es desolador porque es saber que cientos de hombres y mujeres fueron asesinados en la clandestinidad y arrojados al río para que se perdieran hasta sus huellas. Por otro lado, regocija ver el trabajo de médicos, antropólogos, odontólogos, investigadores judiciales tratando de encontrar pistas para devolver los nombres a esos muertos anónimos; y es conmovedor conocer lo que puede llegar a hacer una madre por recuperar el cuerpo de un hijo, o, hablar con un muchacho que dedicó siete años a buscar, identificar y llevar de nuevo a casa a su mamá.
¿Qué pasa en una población donde conviven con este tipo de cosas tan duras, tan violentas. Cómo impacta todo eso que vio a una comunidad?
Patricia Nieto: Puerto Berrío es un pueblo amado y recordado por muchos colombianos porque estaba en la ruta de los viajes en barco, porque era escenario de orquestas de todo el Caribe y porque por allí pasaban, de gira, los más famosos futbolistas del continente. Así que para muchos es el recuerdo de una infancia feliz. Después acamparon en la región grupos armados de toda índole y dejaron su impronta trágica y muy dolorosa representada en miles de muertos. Hoy existe un movimiento de víctimas que intenta alcanzar la verdad, la justicia y la reparación. Pero las aguas son muy turbulentas.
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